Te voy a contar un cuento (que es verídico)… una vez una amiga me dijo que había comprado unas cremas super buenas y a un buen precio relación calidad-precio (o sea que no es que fueran muy económicas pero que según su envase, imagen, calidad del producto era razonable), yo cometí el error que en una reunión de amigas (donde habían unas 12 mujeres) repetí lo mismo que me había dicho mi amiga, que la marca era bellísima (que eso si es cierto) sus colores, su logo, su slogan y sus envases y que con la compra mayor de una cifra razonable te obsequiaban unas esponjas exfoliantes… pero la verdad es que yo aún no las había probado sólo las había comprado, repetí lo que mi amiga me dijo. Pues para mala suerte, 5 amigas salieron a comprarlas y a una le dio una alergia, a la otra le parecieron muy aguadas (o sea que no les gusto la textura) y a otra le parecieron que habían mejores marcas en aroma, textura y calidad de limpieza (de las otras 2 no recibí ningún comentario).

Con este cuanto más que contarles las razones de mis amigas del porque no había gustado mi recomendación, lo que quiero hacer énfasis es en el poder de la palabra cuando uno trasmite un mensaje a otras personas. Dice un profesor mio que de una persona que haga un comentario se triplica esta información y así sucesivamente. O sea que al momento de recomendar o lo contrario hay que tener cuidado con lo que se dice. Puede ser muy positivo o negativo (según el caso) para esa marca, local, empresa o persona a la que nos referimos.